Dos
de los problemas de salud más graves de nuestras sociedades son, por un lado, las
infecciones de transmisión sexual (ITS), como el SIDA y, por otro lado, el consumo de
drogas, por ejemplo, el alcohol, pues ellos no sólo afectan de manera decisiva la vida de
quienes los padecen sino que incluso ponen en peligro, de manera más o menos directa, la
vida de quienes los rodean.
En
efecto, ambos problemas no son meramente "personales" o individuales sino que
son, ante todo, sociales: el consumo del alcohol provoca problemas en la integración de
las familias, actos criminales y pérdidas económicas; por su parte, el SIDA se ha
convertido en una verdadera epidemia, una terrible causa de mortalidad y una difícil
carga para los sistemas de salud de todos los países del mundo, debido a lo costoso de su
tratamiento (SEP/INP, 1999; SSA/CONASIDA, 1998).